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Bienvenidos al Foro de la Edad de Plata
(1868-1936)
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El asunto de este foro resulta
muy vasto, y supongo que pronto se irá subdividiendo en
plataformas de discusión sobre temas más localizados, en
función de los intereses de quienes participen en los debates.
Pero convendría que se mantuviese un ámbito de discusión
general acerca de las características específicas de aquella
línea continuada de pensamiento que discurre entre 1876
(por poner una fecha) y la guerra civil y que, con posterioridad
a ésta, continúa en el exilio y también en el interior de
España. Profundizar en su génesis y desarrollo, en su evolución
y en la extensión que llega a alcanzar en la mentalidad
colectiva, estudiarla en común ¾no sólo desde la perspectiva
de la historia de las ideas, sino también desde el punto
de vista de la ciencia, de la filosofía, de la política
y de la ética¾, podría hacer de un foro así un provechoso
lugar de encuentro.
Con este periodo como argumento,
se abre el primer foro de debate del Archivo virtual, aportando
como reflexión introductoria parte de la intervención de
James Valender,
hispanista británico especializado en la generación del
27 (en especial en la obra de Luis Cernuda y Manuel Altolaguirre)
y actualmente profesor de El Colegio de México -con motivo
de la presentación de esta página web en la Residencia de
Estudiantes, el 3 de febrero de 2000.
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"La vida cultural española de las cuatro
primeras décadas del siglo XX fue
protagonizada por tres generaciones sucesivas de destacados
científicos, artistas e intelectuales que en los últimos
quince años de este lapso llegaron a coincidir en un momento
de especial fervor creativo: la generación del 98, la del
14 y la del 27. Es una época que abarca desde Antonio Machado
y Miguel de Unamuno hasta Emilio Prados y Luis Buñuel, o,
si se prefiere, desde Ramón y Cajal, Ignacio Bolívar y Ramón
Menéndez Pidal hasta Enrique Rioja, Rafael Méndez y Severo
Ochoa. Desde luego, tal explosión de actividad, de creación
y reflexión no era casual, sino que coincidía con un periodo
de gran crecimiento económico y social en el país, resultado,
a su vez, en parte, de los beneficios que España ganó como
país neutral durante la Primera Guerra Mundial, pero también
de la firme voluntad de algunos de los políticos del día
de abrir el país a las nuevas tecnologías, a la luz eléctrica,
al automóvil, al teléfono, a los conceptos nuevos de urbanización
que estaban sentando las bases de la vida moderna en el
resto de Europa.
Como señalara el profesor José Carlos Mainer
en su conocida monografía sobre la cultura de esta época,
la llamada Edad de Plata, el gran problema sociológico del
país, su compartimentación, su aislamiento, empezó entonces
a dejar de serlo, y buena parte de la España rural se incorporó
lentamente a la historia y a la actualidad colectivas. Por
esta misma razón, tampoco es casual que muchos de
los logros más significativos de la Edad de Plata tengan
un sentido colectivo. Existía entre la gente no sólo la
conciencia de estar presenciando un momento de transformación
social y cultural importante, sino también el deseo muy
vivo de participar en dicho cambio. Se podrían citar en
este rumbo revistas europeizantes tan excepcionales como
lo fueron, por ejemplo, España y Revista de Occidente.
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Sin embargo, quisiera subrayar otras iniciativas
de orden más bien institucional, en el sentido lato de la
palabra, es decir, en cuanto a creaciones oficiales, pero
también institucional en cuanto a inspiradas en la doctrina
ética y social de la Institución Libre de Enseñanza. Me
refiero, desde luego, a entidades de tanta influencia en
la vida cultural del país como la Junta para Ampliación
de Estudios, que tanto hizo por que la intelectualidad española
estuviera en contacto directo con los aspectos más avanzados
de la vida científica europea del momento. También pienso
en instituciones educativas de los años veinte y treinta
tan importantes como el Centro de Estudios Históricos, la
Universidad Internacional de Verano de Santander y el Patronato
de las Misiones Pedagógicas. Todas ellas influyeron de manera
notable en la modernización de España, aunque ninguna tal
vez con tantas reverberaciones, en tantos campos, como la
Residencia de Estudiantes, cuya historia es casi sinónima
de la de la Edad de Plata [...].
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Es mucho, y en muchos casos muy bueno,
lo que ya se ha escrito sobre este periodo. Sin embargo,
me atrevo a sugerir que las conclusiones a las que se ha
llegado, como ocurre en cualquier campo de investigación,
están abiertas a mayores precisiones, que seguramente se
darán conforme se tenga acceso a una información más completa.
A medida que avance y se profundice nuestro conocimiento
de esta época, creo incluso que va a ir surgiendo también
la necesidad de revisar varios de los presupuestos que gobiernan
y orientan nuestra percepción general de ella. Lo cual sería
lógico, sobre todo cuando recordamos que muchos de nuestros
esquemas siguen siendo aquellos que fueron elaborados en
los primeros años de posguerra, cuando seguía siendo más
importante ajustar el perfil de la historia nacional reciente
a las plataformas políticas defendidas por uno u otro bando
durante el conflicto armado, antes que asumir las fuertes
contradicciones que la propia historia de este periodo planteaba
y sigue planteando. Pienso, por otra parte, en todo lo que
la historia del exilio científico e intelectual va a enriquecer
nuestra comprensión de esta época y su relevancia para la
sociedad española de nuestros días. En 1939, una parte muy
importante del proceso cultural que se inició en España
a principios del siglo XX siguió su
camino, ya en circunstancias muy distintas, en Francia,
México, Argentina, Cuba y Uruguay, lo mismo que en muchos
otros países de Europa y de América, concretándose en la
creación de editoriales y revistas, en la fundación de escuelas,
bibliotecas, hospitales e institutos de investigación científica,
así como en la formación de nuevas generaciones de médicos,
filósofos, músicos y poetas latinoamericanos. Este capítulo
fascinante de la reciente historia cultural española está
en vías de recuperación y me sorprendería mucho si los resultados
de este gran esfuerzo de investigación colectiva no llevaran
a los historiadores de la Edad de Plata a cambiar también
varios de sus planteamientos, a reflexionar sobre las enseñanzas
que la cultura exiliada puede ofrecernos para nuestra comprensión
no sólo del periodo de entreguerras sino también de los
años de la transición democrática. Porque, si bien fueron
las nuevas generaciones de posguerra quienes protagonizaron
dicha transición, lo hicieron inspiradas en gran parte en
los ideales de convivencia pacífica y de modernización nacional
que veían ejemplificados en los protagonistas de la Edad
de Plata que tras el desenlace de la guerra civil habían
vivido largos años en el destierro."
James Valender
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